Hace unos días pude realizar uno de mis recorridos por las ciudades y provincias españolas que más ilusión me ha hecho. Y es que, tuve la ocasión de recorrer Zamora con vosotros como acompañantes a través de las pantallas. Esta capital de provincia castellana y leonesa es, sin duda alguna una ciudad muy especial para mí, ya que desde hace años tengo el placer de vivir en este lugar, que me acogió hace tiempo y que me hechizó desde que lo conocí.

Empecé mi visita con una guía fantástica, la experta en Turismo Estrella Torrecilla, que me enseñó la Catedral de Zamora y me contó lo que se ve y lo que más me gusta conocer… ¡lo que no se ve! También me explicó porque esta es una catedral muy dulce… ¡quien la haya visitado ya habrá visto su gran mancha de miel! Y es que una enorme colmena de abejas encontró en su puerta tapiada el lugar ideal para asentarse.

Con Estrella también conocí más adelante la primera industria de Zamora: las Aceñas de Olivares. Los zamoranos del siglo X supieron aprovechar la magia y la fuerza del Duero y en ellas se molía el grano para obtener harina. Además, en sus paredes encontramos el origen de la expresión zamorana que indica riesgo “cuando el cordero bebe agua”.  ¿Por qué? En lo alto de una de las aceñas está representado un cordero pascual, por tanto, cuando el agua llega hasta él es porque el río se ha desbordado.

Pero si hablamos de expresiones, seguro que esa que habla de “sacar de quicio” os suena a todos. El arquitecto Paco Somoza me contó su origen cuando nos adentramos en el Castillo de Zamora. Resulta que los quicios eran el mecanismo que permitía los giros de las puertas, por lo que cuando una se “sacaba” o “salía” de quicio… ¡os imaginaréis la que se podía preparar!

En este recorrido, por supuesto, también tuvo cabida la Semana Santa zamorana, una de las señas de identidad de la ciudad. ¿Sabíais que aproximadamente la mitad de los habitantes de Zamora son cofrades? El escultor Ricardo Flecha fue mi guía por esta tradición y con él conocí dos esculturas muy representativas de la Semana Santa zamorana: el Barandales y el Merlú. Sobre esta última, Ricardo me descubrió que representa al avisador de la cofradía de Jesús Nazareno. Y es que a las 5:00 AM los dos personajes que representa, han recorrido toda la ciudad avisando, trompeta y tambor en mano, de que comienza la procesión de la noche del Jueves al Viernes Santo.

Otros dos enclaves fundamentales en el paisaje zamorano son el Palacio de los Condes de Alba y Aliste, que me enseñó la periodista Tania Cobo, y la Puerta de doña Urraca, cuyas curiosidades me descubrió Chiara Sportoletti. Si os acercáis a conocerla, veréis un relieve que, se dice, representa un momento histórico muy importante: a la misma doña Urraca conversando con el Cid Campeador.

Y para recuperar fuerzas, ¡qué mejor que un riquísimo arroz a la zamorana! Con el mítico cocinero José Luis Torre, más conocido en la ciudad como Cuchillo, aprendí a cocinar a la vieja usanza este plato tradicional, en el que se aprovecha casi todo del cerdo.

Os invito a conocer conmigo esta ciudad mágica que es Zamora. Estoy seguro de que, como a mí, ¡os embrujará! Aquí podéis volver a verlo. 

Fuente foto: belenlamorana.com

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