Ya lo cantaba Carlos Cano: “La Habana es Cádiz con más negritos. Cádiz, La Habana con más salero”. Y no exageraba. Magia es que en los cinco minutos que dura la canción, quepan dos continentes distintos. Dicen que La Habana y Cádiz se tienen la una a la otra como hermanas gemelas y se miran de frente con el reflejo atlántico de por medio.

Paseando por el Paseo Marítimo de Cádiz, la frase anterior se confirma y no hace falta sacar la varita mágica para sentirse en Cuba sin salir de Cádiz. Sin embargo, Cádiz no es solo puerto, playa y calles encaladas. Cádiz es duende. Con la misma ilusión de un niño, me embarqué en conocer más a fondo una ciudad con más de 3.000 años de historia. Caminando por el Barrio de Santa María, no podía dejar de pensar que bajo mis pies habían pasado romanos y fenicios. Si hubiera un conjuro que los despertara de su largo sueño, les pediría que me enseñaran el teatro romano de la ciudad, el posible templo de Hércules bajo el castillo de la isla de Sancti Petri o el sarcófago fenicio de la “Dama de Cádiz”.

Aunque si hay una cosa que he aprendido en este capítulo de “Un país mágico” es que todo lo bueno de la “Tacita de Plata” comienza por la palabra mágica “ca”, desde su nombre “Cá- diz” hasta su “ca- leta”, “ca- tedral”, “ca- rnavales”, “ca- llejón del duende”… ¿Sigo? ¡Si hasta los “ca- marones” del Ventorrillo del Chato hacen que te sientas como en “ca- sa”! ¿Truco o “ca-sualidad”?
Eso sí, este verano no me busquéis por las playas de Zahara de los Atunes o las callejuelas de Vejer de la Frontera porque corréis el riesgo de encontrarme como por arte de magia.

Foto: Vueling.com

Podéis disfrutar de nuestro paso por Cádiz en la Web de RTVE

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