Hace unas semanas tuve la oportunidad de visitar una ciudad que me hechizó, la conocida como ciudad de las cuatro culturas. Con el Cierzo con el compañero recorrí la capital aragonesa: Zaragoza.

Comencé mi visita, como no podía ser de otro modo mi primera parada en la ciudad fue en el lugar que es considerado la entrada a Zaragoza, ya que antiguamente era el que se utilizaba para salvar el Ebro cuando se partía de los Pirineos. Me estoy refiriendo al Puente de Piedra, el más antiguo y uno de los más queridos por los maños, que me enseñó el director y guionista de televisión Javier Jiménez. Entre los ojos de este puente pasa el río Ebro, el más caudaloso y el más largo de España, con 930 kilómetros, además de, por supuesto, uno de los referentes de esta ciudad. Cruzando el puente nos encontramos con el que sin duda es el lugar más emblemático de Zaragoza: la Basílica de Nuestra Señora de Pilar. Para mí fue todo un placer recorrer esta imponente construcción junto a la catedrática en Historia del Arte Carmen Morte, que me enseñó eso que dicen los maños de que “¡a la Virgen del Pilar no se la toca!”. La verdad es que cada paso que se da en el templo es una maravilla, en él se respira un ambiente especial, quizá por poder contemplar maravillosas obras de arte como las pinturas de Goya que atesora. Mi paso por Zaragoza también me permitió rememorar un recuerdo muy bonito de mi infancia. Y es que cuando era niño mis padres siempre me regalaban dulces tradicionales cuando pasaban por Zaragoza. Así, los adoquines, las piedras y las frutas de Aragón son muy especiales para mí. Además, tuve la opción de charlar con los hermanos Roc, la tercera generación familiar dedicada a estos postres. Aunque, eso sí, no me desvelaron los trucos con los que elaborar estos dulces tan típicos.

Con la buena sensación tras disfrutar del chocolate zaragozano, me fui dando un paseo hasta el lugar que se conocía como el palacio de la Alegría, cuyo nombre real es de la Aljafería y que es el palacio árabe situado más al norte de todo el mundo. Y es que, ¡cuánta influencia artística musulmana hay en Zaragoza! La historiadora Juncal Aparisi fue una guía genial para descubrir este palacio… ¡y sus leyendas! Al otro lado del río Ebro, en una estampa preciosa frente a la Basílica del Pilar, disfruté junto a Begoña y Juanjo de, como ellos mismos la definieron, “la reina del folclore aragonés”: la jota. ¡Qué bonito fue escuchar la voz de Begoña y la guitarra de Juanjo entonando Madre qué tiene la jota! Y es que las jotas para los magos también son muy importantes, ¡hay cuatro jotas en la baraja!

Y si empecé mi visita por uno de los puntos más antiguos de la ciudad, cerré el círculo conociendo una de las infraestructuras más recientes: el Palacio de Congresos de la Expo de 2008. Impresiona saber cómo fue su construcción… ¡en tan solo dos años! Como le dije al arquitecto Fernando López Barrena parece que han hecho posible algo, a priori, imposible, como los magos.

Zaragoza, una ciudad que me conquistó y a la que ¡ya estoy deseando volver!

Si queréis acompañarme en mi última visita… ¡no os perdáis Un País Mágico en la web de RTVE!

Foto: Forus en Zaragoza

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