Miguel de Lucas. Érase una vez Toledo…

Miguel de Lucas. Érase una vez Toledo...

Miguel de Lucas. Érase una vez Toledo…

Cuando escuché por primera vez el himno de la ciudad bañada por el Tajo (“Cuando brilló tu noche de ofrenda, te iluminó la maga leyenda”), no imaginaba cuánto de real –y mágico– tenían aquellas palabras. Por supuesto, hablo de la ciudad de las tres culturas: Toledo. Pasear por sus calles, repletas de leyendas e historia, te envuelve sin apenas darte cuenta en la magia de la ciudad. Desde la historia del invencible Alcázar hasta la construcción de su imponente Catedral Primada, pasando por los pasadizos subterráneos de la antigua Toletum.

Cierro los ojos y puedo ver a Rodrigo, último rey visigodo que, movido por la curiosidad, decidió entrar en la torre encantada construida por el legendario Hércules bajo su palacio toledano buscando la famosa «Mesa de Salomón». Vuelvo a cerrarlos y veo cómo se colocan en el Palacio de San Juan de los Reyes las cadenas que pertenecieron a los cristianos cautivos liberados por Fernando el Católico en la Reconquista. Ciertamente, Toledo es una ciudad con mucha historia (e historias).

Si Don Quijote se enamoró de una toledana del Toboso y El Greco nos enamoró con sus visiones fantasmagóricas de Toledo, ¿cómo no iba yo a caer rendido ante el “Abracadabra” que dibujan sus murallas?

Pero Toledo no es solo historia, arte y cultura, es también gastronomía. Aquí no necesito cerrar los ojos para relamerme recordando las exquisitas carcamusas degustadas en el restaurante más antiguo de Castilla-La Mancha,  «La Venta de Aires», donde la Orden de los Caballeros de Toledo decidió nacer y hasta Chuck Norris visitó.

Un mago no desvela nunca sus trucos, pero os doy una pista: si queréis una breve guía para descubrir la Ciudad Imperial, no os perdáis «Un país mágico» en Toledo. No digáis que no os advertí. Una ciudad sin trucos, pero con mucha magia.